jueves, 19 de enero de 2012

Capítulo 7.1 de Rayuela

Publico un trabajo que recién terminé sobre literatura mundial, básicamente se trata de un capítulo extra a la novela "Rayuela" de Julio Cortázar, conretamente es una respuesta de la maga a Oliveira después del sublimo "capítulo 7".

Adjunto este mismo capítulo de Cortázar seguido de mi trabajo para contextualizar.

Fue todo un reto y sumamente entretenido meterme en la mentalidad de una mujer,por su apoyo gracias.



Capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.








El segundo trabajo de literatura mundial se centrará en un proyecto creativo, la adición de un capítulo a la novela de Cortázar, Rayuela. Bajo el marco del capítulo siete, el siguiente trabajo podría nombrarse una respuesta a dicho capítulo, el capítulo siete punto uno el propósito será el de darle una voz un tanto más firme al personaje de la maga, un personaje ambiguo y misterioso que a lo largo de la novela e intencionalmente carece de muchos diálogos, sin embargo, la naturaleza y cualidades del personaje dotan a la maga de cierta inocencia, de pureza en sus palabras y esto se refleja en la carta de la maga a su hijo, Rocamadeur, palabras sinceras, nobles y puras.
Siguiendo la misma directriz procederé en una odisea por aplicar esa misma intencionalidad a los sentimientos de la maga por Oliveira en respuesta del capítulo siete. Si bien, esta no es una tarea fácil debido a que no tengo la genialidad literaria de Cortázar, mi aspecto femenino es limitado y carezco de la tantas cualidades de la maga, he aquí un humilde esfuerzo.


Capítulo 7.1

Me desenvuelves como un regalo, me giras y giras lentamente mientras yo me desvanezco entre tus labios, aprisionada en los barrotes de tus brazos sobre los que yo no pido auxilio, y yo, cazándote entre mis piernas floreciendo un lirio en un castillo de nuestra piel rozándose, quemándose, desdibujándose en la frontera de tu aliento sobre mi cuello que choca cual oleaje en el arrecife de mi oreja, siento rozar las estrellas mientras llueve sudor puro, crudo y choca contra estas tierras labradas por tus manos, por las yemas de tus dedos.
Cultivas cada fruto de mi cuerpo con tus labios, recorres mi piel y ésta se eriza al contacto de tus manos por mi vientre. Sólo de rozar mi piel, al tocarse nuestras auras te derrites y tú que estabas hecho del mas fuerte chocolate. Pronuncias palabras bellas de las que no suelo acordarme y una vez pasado el episodio en trance sirve para echarte un poco más un poco más... un poco más de menos.
Baja la temperatura, es el ocaso de una tarde de invierno poco a poco se alza el veraniego dentro de mi cuerpo, exhalo ese frío y pienso en una niebla blanca, ¿o acaso es el humo de la hoguera que arde en mi interior perpetuamente cuando me sostienes firme entre tus brazos y me dices que soy tuya? No me importa, de cualquier manera mi alma se escapa poco a poco para ser libre, elevándose entre las nubes e inmolarse en el sol.
Recostados en la cama, me encanta esa mirada, me hipnotiza el ver tus ojos en mis ojos y yo dejo tu mirada llena de miradas mías recorro tu quijada, tu cuello, mis manos en tu pecho como deteniendo este dulce suplicio. Necesito que digas las palabras, que me amas, que digas mi nombre seguido de un te amo, que reboten entre estas cuatro paredes, que se queden aquí entre nosotros si no, al abrir la puerta se escaparán para no volver y entonces estaré sola una vez más con el consuelo de tus abrazos de cristal…
Pero eso no pasaría por que hoy… hoy me amas, hoy soy tuya ¿cierto? sólo tuya, y no hay nadie más. Dices que el tiempo no existe, que es un concepto, yo no entiendo mucho eso pero creo en ti, confío en ti, te vivo, te respiro y ahora somos uno.
Entonces mis manos cambian de tu pecho a tu espalda, tu cintura, y te siento encima de mi, me entrego a ti y cuelgo como un amuleto a tu antojo que va y viene al compás de la brisa y tu andar. Terminamos entre jadeos y espasmos de placer, en el pestañeo de sus ojos, el filo que corta la eternidad de este espacio, tu mirada que brinda mi calma, esa mirada... que brilla, que guía a mi velero no sé de donde ni con qué destino pero ahí se encuentra como un faro sobre el horizonte.
Cierras los ojos lentamente y te duermes o a veces crees estar dormido y nos quedamos jugando el juego como 2 petrificados, con los ojos bien cerrados, cuidando no romper el silencio que nos sirve de pretexto para evitar incómodos esa realidad que se alzará al igual que un nuevo día. Como un hechizo mágico que se rompiera.

Pasan minutos, las horas ¿qué importa en realidad? sólo sé que pasa y siento como tu cuerpo se mueve, sale de la cama y una brisa gélida recorre mi espalda. Simulo estar dormida mientras calzas tus zapatos y abotonas tu camisa, el eco de la puerta cerrándose y yo compartiendo esta cama con la estela de tu cuerpo en el colchón.
No quiero abrir los ojos, sé que al separar mis párpados te habrás difuminado entre la oscuridad de estas calles y yo con los ojos como gato expectante a tu regreso, esperando escuchar esa puerta abrirse seguido de tus torpes pero cuidadosos pasos. Es un martirio que me sabe a deseo, me sabe a poco por el néctar, por sentirnos uno. No tarda en salir el sol, hueles a cigarro, y yo estática de la misma forma en que te fuiste, soy una muñeca, no sé si de trapo o de porcelana, pero soy tuya y así permanezco, como un pestañeo en el tiempo para ti y dentro de ese pestañeo he perdido ya seis vidas esperando tu regreso, me sobra una para amarte al máximo, sentirte, tocarte me acerques a tu pecho y ser tuya.
Amanece y otra vez tu olor entre las sábanas, impregnado entre el colchón y la almohada despiertas, con el cabello despeinado, la sombra de tu barba y una vez más me miras, sólo me miras en este instante eterno, es entonces cuando cierro los ojos y me olvido del resto.

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