jueves, 3 de junio de 2010

Un día como cualquier otro...

Estaba yo sentado en la banca de un parque...¿qué parque? ¿acaso importa? uno dos, tres, da igual, tienen el mismo principio y final... como decía; estaba yo viendo a la gente pasar con sus prisas matutinas y a unos cuántos lentos como yo que prefieren ver el escenario a formar parte de él, para no darle vueltas al asunto iré directo a lo que quiero contar, vi un árbol, uno grande, frondoso y viejo, pero estaba rayado, maltratado incluso tenía algunos chicles pegados a su corteza, sin embargo por entre todos los defectos encontré un corazón con 2 iniciales grabadas en su interior, sí ya sé lo que se imaginarán tal vez dejaran salir un sincero *auuuu* , algunos otros dirán ¡ay no mames!, pero mi intención con este relato no es conmover, por lo menos no de esa forma.
Al observar ese árbol, grabado, maltratado me pregunté, y bueno... aquellos que profanaron la corteza del árbol, un ente sagrado, mucho más viejo y sabio que nosotros...¿cumplieron su promesa? ¿seguirán juntos? y aunque quisiera creer que sí, mi realismo me dicta que no, que muchas promesas se dicen, pocas se cumplen o perduran, y lastimamos a mucha gente, cosas, sentimientos de por medio, con qué derecho podríamos prometer algo tan sagrado en la existencia de un árbol por ejemplo? y ni siquiera así cumplirlo, fallamos y fallamos, no quiero sonar fatalista, cada uno que saque su conclusión pero duele saber que hay cicatrices que no sanan y tal vez ni siquiera tú mismo te las provocaste...

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